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Por favor mamá y papá, no me gritéis.

El otro día haciendo cola en el mercado, una niña tiró del lineal unos botes de chicles.
La primera reacción de su madre fue gritarle:


¡Pero bueno! ¿Porqué lo has tirado? Mira que te he dicho que no los tocaras… ¡Ves! Al final los has tirado todos al suelo. No te puedo dejar sola ni un segundo.


La cajera y yo nos miramos con cara de cierto asombro tras el albaroto que estaba causando más la madre que otra cosa, porque en realidad, no había sido para tanto. Tras ver los botes desperdigados, caídos por el suelo, nos ofrecimos a recogerlos diciéndole a la niña, que no sumaría más de 5 años, que estuviera tranquila y que no pasaba nada.

Mientras la niña lloraba, pedía perdón a su madre, quien seguía espetándola que se estuviera mejor quieta y que mejor no tocara nada más.

De verdad que ante esa situación  de verla pedir perdón a su madre, sin ser escuchada, me partía el corazón. A veces me da tanta impotencia esa conducta. Y me hace imaginar a su marido gritándola así e intentar concebir la idea de cómo se sentiría ella y lo peor, los de su alrededor.

Parece que con los niñ@s todo vale. Aunque yo no lo creo…

El gritar se va a acabar. Este es mi nuevo lema.

De verdad que si quieres controlar estas situaciones este no es el mejor camino, o desde luego no a largo plazo. Y te lo puedo mostrar en el próximo taller del jueves 30 de Mayo al que puedes inscribirte entrando en el siguiente enlace AQUÍ

Un niño se siente impotente, no controla aún su cuerpo y a veces, por no decir muchas veces, se les caen las cosas y se despistan, como a todos.

¿De verdad es necesario hacerles sentir mal para que aprendan?
#AntesDeGritarSignar

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