No llevaré flores a tu tumba

¿Porqué cuando nace un bebé vivo a la madre le llevan flores, ya sea en el hospital o en su casa, y si nace sin vida, no?

Siempre me ha dado que pensar. Igual es cosa mía, pero ¿a tí te regalaron flores?

Quizá la gente que te rodea entiende que las flores son un sinónimo de alegría. Que la situación por la que estás pasando no sea ni mucho menos la adecuada como para demostrar su apoyo con un ramo.

Ahí es donde mi entendimiento se retuerce y analizo…

¿Y en un funeral entonces, no llevan flores al muerto, a la familia para presentar sus condolencias?

¿Una corona con una dedicatoria de padres, amigos, tíos y sobrinos, compañeros del colegio o la universidad etc etc?

Pero lo que la gente no sabe, es que ese ramo que falta en tu habitación estando sola ante la muerte reciente de tu hij@ es, lo único que aporta color al mundo gris, torneándose a negro al que acabas de entrar.

Que un ramo de flores, da igual del tipo que sean… son tan merecidas como a la reciente madre que está disputandose ahora con la teta y los puntos.

Que no por no tener a tu bebé en brazos has de merecer menos, ya que a diferencia de esas madres que lucen increíbles con su nueva maternidad viviente, tú… pareces desaparecer.

Muchos de los tabúes que acompañan a éste duelo tan silenciado es éste.

Para muchos pasa casi inadvertido puesto que los comentarios de muchos a los que he oído han sido;

¨ Es de muy mal gusto¨,

¨Le van a hacer sufrir¨,

¨Cómo vamos a comprarle flores si su bebé ha muerto¨,

¨Le van a recordar que no tiene a su bebé¨

Como si un ramo fuera necesario para recordarte que tu bebé nunca más estará contigo…

Por otro lado, no todas las familias tienen la suerte de tener un lugar físico donde poder llevar flores a su hij@.

Y digo suerte porque auque no lo creas, preservar un minimo recuerdo físico del paso por la vida de tu bebé es una fortuna divina, de la que muchas veces no se puede gozar.

En función de cómo te aconsejen, lo lúcida que estés en el momento de decidir si autopsia o no, las pruebas médicas, el apoyo familiar, o la propia eleción de los padres.

Muchas veces no hay restos o recuerdos a los que más tarde poder llorar.

En mi caso y por fortuna, sí que tenemos en casa una hurna que compré casualmente en una tienda de decoración de hogar.

No sé cómo ni recuerdo tan siquiera el porqué de entrar allí.

A veces se me iban las piernas deambulando por las calles sin saber muy bien a dónde dirigirme.

Entonces, me ví allí delante de ese brillante frasco de cristal transparente. La tapa, color beige, y un angelito alado apoyado sobre sus codos, sonriendo.

Es curioso, desde hacía meses tenía sus pocas cenizas en un bote de corlor verde botella facilitado por la empresa funeraria, en cuya etiqueta ponía bien legible: Feto de Tania P.G.

Duro, ¿verdad?

Entonces sentí que debíamos volver a la capilla que la familia de mi marido tenía para sus familiares difuntos, ya que ni íbamos allí a ponerle flores, ni lo teníamos en casa.

De manera que armada de valor, como una madre reconquistando su territorio, fuimos en busca de sus cenizas.

Volcarlas en su nueva hurnita, me dio paz.

Como si ése ángel se hubiera trasnformado en mi pequeño mofletines, y custodiara el polvo mágico que guardaba en su interior.

En nuestra casa, él está en su habitación, en la que con tanto mimo pintamos, decoramos y preparamos para su llegada.. y tras casi un año abandonada…

Él la volvió a llenar, de una forma muy diferente y desde luego nunca como debería haber sido, pero aunque nosotros no pudimos elegir otro final, podemos de algún modo hacer honor a nuestro hijo.

Hay una plegaria indígena que dice así;

No te acerques a mi tumba sollozando.

No estoy allí. No duermo ahí.

Soy como mil vientos soplando.

Soy como un diamante en la nieve, brillando.

Soy la luz del sol sobre el grano dorado.

Soy la lluvia gentil del otoño esperado.

Cuando despiertas en la tranquila mañana,

soy la bandada de pájaros que trina.

Soy también las estrellas que titilan,

mientras cae la noche en tu ventana.

Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando,

No estoy allí…YO, NO MORÍ.

Más artículos
El Día que tuve que decirte Hola y Adiós.
X